¿El uso de símbolos de la botica en parafarmacia vulnera la ley?

Escrito por Carme Setó |

11/02/2016

Con habitualidad, observamos establecimientos de parafarmacias que imitan la simbología y terminología propias de las oficinas de farmacia, colocando en sus fachadas cruces de malta luminosas y placas con el prefijo farma. Aparentemente, su objetivo es atraer más clientes y diferenciarse de sus competidores. Sin embargo, hay quienes opinan, entre ellos, farmacéuticos y colegios oficiales de farmacéuticos,  que estas actuaciones o técnicas de merchandising no solo suponen una intromisión a la profesión del farmacéutico, sino que también una apropiación del prestigio/fiabilidad que rodea a la venta en la farmacia, ya que todo ello puede y está generando cierta confusión en los consumidores, especialmente entre personas de avanzada edad.



Por ello, y tras los avisos realizados por sus propios asociados, el pasado mes de octubre, la Federación Empresarial de Farmacias de Cataluña (FEFAC) interpuso  denuncia contra una veintena de parafarmacias de la región ante la Agencia Catalana de Consumo, basándose en un doble argumento



Por un lado, la denuncia interpuesta respondía a la creencia de que “el uso de terminología y simbología propia de la botica podía provocar confusión entre los usuarios que les lleve a identificar dichos establecimientos con oficinas de farmacia debidamente autorizadas, donde se dispensan medicamentos y productos sanitarios con todas las garantías de calidad y seguridad jurídica fijadas por la legislación”.



Por otro lado, la denuncia se fundamentaba concretamente en tres normativas: en primer lugar, la Ley de Competencia Desleal que califica tales actos llevados a cabo por las parafarmacias como “actos de confusión” y “explotación de reputación ajena”, respetivamente; en segundo lugar, la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios que tipifica como infracción “cualquier situación que induzca a engaño o confusión o que impida reconocer la verdadera naturaleza del bien o servicio”; en tercer lugar, el Código de Consumo de Cataluña prevé que el hecho de “ hacer publicidad de cualquier modo que induzca o pueda inducir a error, engaño o confusión a las personas a quien se dirige o que silencie datos fundamentales que impidan conocer las verdaderas características o naturaleza del bien o servicio” constituye una infracción en materia de seguridad y por incumplimiento de disposiciones o resoluciones administrativas.



Sin embargo, la Agencia Catalana de Consumo, dentro del plazo de seis meses para la resolución de las denuncias tramitadas por vía administrativa, ha decidido archivar seis de los casos presentados, argumentando que “el uso de estos elementos no constituye una práctica comercial desleal ni puede dar lugar a confusión y/o engaño en los consumidores en lo que respecta al servicio prestado ni los productos que se venden en el establecimiento”.



Por tanto, es una primera resolución favorable a las parafarmacias, si bien habrá que estar atentos a posteriores pronunciamientos, no solo de la Agencia Catalana del Consumo, sino también, en su caso de la Comisión Nacional de los mercados y de la Competencia y de los Mercados por posibles prácticas comerciales desleales si se sobrepasan determinados límites.





 

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Carme Setó

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Carme Setó




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