Unos presupuestos sin rumbo

Escrito por Antonio Durán-Sindreu Buxadé | Fiscal

18/12/2020


Los Presupuestos son un instrumento de vital importancia. Pero más importante es que se cumplan. Por ello, lo más grave son las desviaciones presupuestarias que al finalizar el año se producen entre lo presupuestado y la realidad.


Sea como fuere, el proyecto en tramitación no es consciente de la dramática situación económica.


En primer lugar, no hay que confundir una política expansiva, con la necesidad de ajustar el gasto público y su gestión. En este sentido, no se observa ninguna poda de los superfluo, de las duplicidades, del gasto “político”, ni ninguna medida de “compromiso público de solidaridad” con el sector privado, ajustando sueldos, reduciendo estructura y, mejorando eficiencia.


En segundo lugar, se olvida que nos falta mucho por igualar la situación económica pre COVID. El tejido PYME se está descomponiendo y los niveles de capitalización de las empresas se están deteriorando.


En este contexto, aumentar los impuestos es irresponsable. Ahora hay que centrarse en recuperarnos de nuestra anemia y en estar en condiciones de crear riqueza.


La anemia requiere transfusión de sangre, esto es, ayudas directas. La sangre no se presta para después devolverla. Si así se hace, el riesgo es la muerte. La sangre se transfiere para sobrevivir. Esto es lo que otros países han hecho. Las empresas no necesitan crédito. Necesitan ayudas a fondo perdido. En lo primero, somos líderes. En lo segundo, aspirantes al descenso.


Sin empresas, no hay impuestos. Y sin impuestos, el sector público languidece. Es pues imprescindible “invertir” en el sector privado.


Pero lo único que se vislumbra es un Estado “subsidiador” y “expansivo”; situación, por cierto, que llevo a Suecia a una de sus peores crisis y que solo supero transitando a un Estado “promotor” de la riqueza, en un exquisito equilibrio público-privado y con un reverencial respeto a la libertad personal.


Pero no es solo Suecia. Alemania, con su modelo de economía social de mercado, es otro ejemplo. Pero no; bajo el mantra de lo “social”, tenemos un déficit estructural y una deuda pública pre Covid-19 insostenible. Y lo más grave es que no hemos aprendido la lección.


Es pues urgente y prioritario invertir en un nuevo modelo económico e inyectar sangre a las empresas.

En el ínterin, hay que afrontar, eso sí, ajustes que mejoren la equidad del sistema tributario. Hay que premiar la capitalización de los beneficios, la colaboración público-privada, y la creación de riqueza productiva. Por el contrario, hay que disuadir la tenencia de activos ociosos y el remansamiento estéril de beneficios. 

No dudo que habrá quien se alarme con estas propuestas. Pero lo importante no es el impacto a corto plazo, sino el retorno a medio y largo plazo que para la sociedad pueden tener.







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