Reyes fiscales y esperanza

Escrito por Antonio Durán-Sindreu Buxadé | Fiscal

25/01/2019

Con la resaca navideña en la mente, imaginemos por unos minutos que los reyes son magos de verdad. ¿Qué les pediría? Yo, al menos, voy a hacer junto a usted ese mágico ejercicio. Cierro mis ojos, me relajo, respiro profundamente, y dejo que las alocadas neuronas de mi viejo cerebro se tranquilicen. Y.….. ¡Esta es mi carta!


Apreciados Reyes Magos, me llamo Antonio y tengo ya poco pelo y canoso. Estaba convencido de haber visto casi todo pero la realidad me ha desbordado. Acudo a vosotros con la esperanza de vuestra magia y empatía. Como veréis, no os pido cosas materiales.


Os pido una Administración Tributaria que priorice el diálogo frente a la recaudación y el conflicto; que transmita empatía, cercanía y confianza; con la que se colabore de forma leal y sincera. En la que se respeten las diferentes interpretaciones y se trabaje para aplicar la que mejor proceda en derecho más allá de a quien beneficie. Una Administración cuyos objetivos no estén referenciados a la recaudación; en la que el administrado no viva en permanente conflicto con aquella sino en la paz que la confianza otorga. Una Administración que sea ejemplar con el fraude; que recupere el espíritu de aquel legendario lema de “Hacienda somos todos”. Que con su ejemplaridad y transparencia la sociedad interiorice la obligación cívica que el pago de impuestos representa y que rechace socialmente a quienes contribuyen a deteriorar nuestro compromiso social; nuestra sociedad del bienestar.


Pero os pido también una sociedad en la que los políticos sean responsables y transparentes; que se guíen por el interés general y no por el de su partido y por el resultado de las siempre inminentes e inciertas elecciones; que tengan la valentía de que los impuestos se visualicen; de conocer con detalle la alarmante cifra que a cada uno de nosotros nos cuesta mantener el beneficioso Estado del Bienestar. Sin tapujos; sin trampas. Con toda su posible injusticia y falta de equidad. Os pido tan solo la verdad.


Perdonar que mi carta sea tan larga. Pero estoy desolado: intuyo que mis impuestos se destinan a un pozo sin fondo. Me siento como un pequeño gallito desplumado al que apenas le quedan plumas. Tengo la sensación de que solo se acuerdan de mí para pagar impuestos. Por eso os ruego que consigáis una Administración en la que prime la eficiencia, la eficacia y la austeridad; que cuantifique el retorno social y económico de sus políticas; que las priorice; que evalúe periódica y públicamente su resultado. Una Administración en la que responda legalmente quien no gestione adecuadamente; profesionalizada; sin amiguismos; que evite las duplicidades; ejemplar; cercana. Una Administración que no se perciba como el denostado Muro de Berlín; que apueste por la investigación, por las nuevas tecnologías, por la emprendeduría, por las virtudes; por la excelencia; por la creación de riqueza; por la igualdad de oportunidades, por la pre y post distribución de la renta. Una Administración ágil; desburocratizada; que no invierta por invertir; que todo responda a un porqué.


Perdonadme, queridos Reyes, pero estoy también muy preocupado por mi futuro y por el de mi familia. Por eso os rogaría también que hicierais lo posible por tener una Administración que transmita la importancia de crear riqueza; que la dignifique; que la proteja. Que sea consciente de que sin riqueza no hay empresas ni empleo; que sin esta no es posible sostener un Estado del Bienestar. Una Administración que admire y dignifique a quien prospera; a quien se esfuerza; a quien persevera; que apueste por la persona y su desarrollo. Que sea letal con quienes obstaculizan la creación de la riqueza; con quienes defraudan en cualquier esfera pública o privada. Una Administración que fomente la iniciativa; que destruya la cultura de lo gratuito; que no fomente un Estado benefactor sino posibilitador.


Querido Baltasar. Tú has sido siempre mi preferido. Por eso te pido a ti especialmente una sociedad en la que impere la seguridad jurídica; en la que no haya que esperar una eternidad para que la justicia resuelva. Que penalice el conflicto; que apueste por la mediación. Una sociedad en la que sus leyes sean estables; en la que las reglas del juego sean claras; en la que se prioricen los ingresos por la lucha contra el fraude y la elusión; en la que los aumentos de la recaudación no procedan de la discrepancia interpretativa ni sean el resultado de una mayor conflictividad. En la que el contribuyente no sea un mero súbdito. Una sociedad que no esté siempre esperando a su Robin Hood; en la que el contribuyente sea algo más que un obligado tributario. En la que no tenga la impresión de que quienes más ganan menos pagan.


Os pido por último un sistema fiscal que no obstaculice las decisiones de los operadores económicos; que sea verdaderamente redistributivo; que huya de los privilegios, las exenciones, las bonificaciones y las reducciones. Que sea simple y sencillo; con una presión fiscal indirecta razonable; en el que se prime el compromiso personal en las políticas sociales; que no penalice el empleo ni dificulte la inversión. Que no presuma que todos somos defraudadores; que discrimine positivamente al buen contribuyente; que grave eficazmente la riqueza.


Como veréis, queridos Reyes, os pido tan solo un poco de esperanza. Sé que es posible si todos nos esforzamos.


Espero haberme portado suficientemente bien para ser digno de vuestros regalos. Os dejo un poco de agua para los camellos y mazapán para vosotros. Estaréis cansados. Gracias Reyes!

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