Retos fiscales

Escrito por Antonio Durán-Sindreu Buxadé | Fiscal

22/02/2018

Recientemente hemos conocido que el Institut Catalá de Finances de la Generalitat de Catalunya ha empezado a tomar pequeñas participaciones accionariales en las “start up”, aunque el grueso de su inversión sigue consistiendo en préstamos participativos. Es, sin duda, una buena noticia que ha de marcar un cambio en la política económica de la Generalitat y de España en general.


En efecto; ante la sofocante presión fiscal que las clases medias empobrecidas por la crisis soportan, es importante que surjan iniciativas públicas que permitan aumentar los ingresos fiscales. Una de ellas es la participación del sector público en aquellas actividades privadas que se consideren de interés general o estratégico. Se trata, en definitiva, de no limitarse a promoverlas o a fomentarlas sino a participar en ellas, es decir, a rentabilizar la ayuda pública, que es de todos.



Sin embargo, esta no es la única medida que es necesaria. No hay que olvidar, por ejemplo, que los “robots” son ya una realidad que tendrá efectos negativos con relación al trabajo de las personas tal y como tradicionalmente lo concebimos. Hay pues que plantearse su fiscalidad y la necesidad de que su titular cotice por ellos a la Seguridad Social y satisfaga los impuestos que correspondan. Y no, no estoy loco. Esos “robots” van a hacer su trabajo exactamente igual que el que hoy hacen las personas. Precisamente por ello es también importante preparar ya un plan de formación pensando en los nuevos trabajos que el futuro nos depara.


Por su parte, si la esperanza de vida aumenta, el trabajo tradicional se reduce y el envejecimiento de la población se consolida, hay que pensar también en cómo financiar las futuras pensiones en un horizonte de “jubilación” mucho más largo que el habitual. No hay que olvidar que aunque los robots sustituyan a un número determinado de personas, estas continuarán existiendo.


Pero hay más. Nuestras PYMES no tienen futuro si no mejoran su eficiencia, esto es, si no se profesionalizan. Y eso requiere, también, un plan urgente de actuación. Sin mejorar su eficiencia, el riesgo de mortalidad es superior y su consiguiente impacto negativo en los ingresos es evidente. Es pues urgente diseñar un plan de profesionalización basado, entre otros muchos instrumentos, en créditos fiscales, esto es, en ayudas públicas reintegrables.



Otro reto no menos importante es apostar por una economía éticamente sostenible y responsable, circunstancia que exige fomentar la responsabilidad social corporativa que, lejos de significar incentivos fiscales que reduzcan los ingresos públicos, fomenten determinados comportamientos y actitudes en los que se asienten la relación entre los diferentes operadores económicos.


Estos son tan solo algunos de los muchos retos a afrontar. Por ello, no me cansaré de reiterar la urgencia de diseñar un proyecto de futuro realista que genere confianza e ilusión.



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