Los smart contracts y… blockchain

Escrito por Adriana Lafuente | Mercantil

06/05/2019

Cada vez es más frecuente escuchar hablar de los “Smart Contracts”, el “Blockchain” (como la tecnología que revolucionará el futuro), las “criptomonedas”, entre otros términos de moda –desmedidamente abstractos –con los que muchas veces no estamos familiarizados.


¿Cómo funcionan el Blockchain o los Smart Contracs? ¿qué pueden suponer en el futuro? ¿cuáles son las ventajas que ofrecen?


Para empezar, un poco de Blockchain


Antes de abordar propiamente el concepto Smart Contracts o Contratos Inteligentes se antoja oportuno contextualizar algunos términos relacionados con el Blockchain que serán útiles para situar mejor este futuro inmediato.


El Blockchain (la famosa “cadena de bloques”) es en realidad una gran base de datos o libro de acontecimientos digitales descentralizado (esto es, compartido colaborativamente entre muchas partes, no depende, por tanto, de un solo operador que maneje toda la información –y esto, en sí mismo, ya supone un modelo disruptivo–). En esta cadena hay diferentes participantes denominados “nodos” (en la práctica, un “nodo” es cualquier cosa con capacidad de cómputo y de almacenamiento) que registran y anotan en unidades que se llaman bloques las transacciones e información. Cada nodo tiene una copia de la información y registra los intercambios que se producen, por lo que, en caso de caída, el sistema seguiría funcionando con el resto de nodos operativos (siendo que los datos están distribuidos por toda la red).


La tecnología Blockchain descrita (utilizada para el Bitcoin), así como otros proyectos como Ethereum permiten la creación de Smart Contracts.


Sobre los Smart Contracts


Los Smart Contracts se pueden asimilar a una caja en la que guardamos determinada información con el propósito de la consecución de un fin concreto. Del mismo modo que en los contratos tradicionales, lo más habitual es que esta información esté compuesta por cláusulas y términos con consecuencias jurídicas. Ahora bien, la diferencia entre los contratos convencionales y los contratos inteligentes reside en que, en estos últimos, las cláusulas no son representaciones verbales, sino líneas de código que además se pueden automatizar.


Y es que los Smart Contracts son autónomos en la medida en que no precisan de un tercero para ejecutarse. Esto supone que la confianza no se deposita en una persona, institución o empresa, sino en un sistema descentralizado que no se puede manipular –quedaría rastro de ello– y que es transparente y verificable.


Un ejemplo puede ser la mejor forma de entender el impacto que un contrato inteligente puede tener en una relación contractual: Juan (comprador) y Marta (vendedora) convienen en realizar una transacción consistente en una compraventa de activos. Entre otras cláusulas, acuerdan incorporar las siguientes:


  1. Marta deberá indemnizar a Juan en el supuesto en que los activos no reúnan las condiciones pactadas.
  2. Calendario de pagos: un primer pago el día 5 y un segundo pago el día 15.


Para realizar la transacción a través de un Smart Contract, Juan y Marta deberán crear la caja en la que insertarán los correspondientes códigos en base a los acuerdos que hayan alcanzado. Siguiendo con el ejemplo, incluirán un código por el cual se automatizará el pago del precio resultando que, llegado el día 5 y, posteriormente, el día 15, el precio se abonará –quedará liberado– automáticamente sin necesidad de la intervención de las partes o de terceros.


Es obvio que el dinero deberá estar disponible para que se pueda realizar el pago del precio en los términos convenidos, pero ello no supone que el contrato inteligente se configure como un escrow. En nuestro ejemplo no se precisaría de orden de pago en favor del banco; sino que los códigos del propio contrato determinarán cómo se ejecutará el pago.


Como la anterior, se podrían incorporar muchas otras cláusulas.


Llegados a este punto y considerando la densidad de la información descrita, entendemos que el particular análisis de si un contrato inteligente se puede considerar contrato, de conformidad con la normativa española, deberíamos abordarla en otra publicación posterior.


No dude en contactar con nosotros para cualquier cuestión o duda contractual para la que pueda precisar asesoramiento profesional.




Adriana Lafuente

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