La luz y el IVA

Escrito por Antonio Durán-Sindreu Buxadé | Fiscal

05/03/2021


¿Se acuerdan de Filomena? Me refiero a la borrasca que de forma especial asedió Madrid. En su día, recuerden, sólo se hablaba de ella y, entre otras muchas cosas, del aumento del recibo de la luz que para muchos ciudadanos ha representado. Aumento que, en opinión de muchos, obligaba a disminuir el IVA. De hecho, todos nos convertimos en expertos en IVA y nos atrevimos sin rubor alguno a opinar. Pero Filomena se marchó y ya nadie habla de las muchas verdades a medias que del IVA se dijeron y que han quedado como verdades incuestionables.


Se insistió que la luz se había de gravar a tipos reducidos por razones de progresividad. Sin embargo, se olvida que, nos guste o no, el IVA no es un impuesto progresivo ni con tipos progresivos. Tiene, eso sí, tres tipos, pero su razón de ser es la de gravar a tipos reducidos los bienes y servicios más básicos.


Eso nada tiene que ver con la progresividad, que significa que los tipos aumenten en función del nivel de la capacidad económica del contribuyente. En este caso, de su consumo. Y es obvio que los tipos en el IVA no se vinculan al mismo, sino al servicio o producto de que se trate.


Es cierto que quien más consume, más paga. Pero la progresividad exige que los tipos aumenten en términos relativos en función de su consumo. Y esto no ocurre. Por ello, el IVA no es un tributo progresivo, sino regresivo y no redistributivo.


Se dijo, también, que la directiva no permitía reducir el tipo impositivo que grava la electricidad, circunstancia que su art. 102, entre otros, nos exime de cualquier comentario sobre su imprecisión. Es cierto, eso sí, que los tipos reducidos son la excepción a la regla general y que reduce además la capacidad recaudatoria del IVA. Por ello, la Unión Europea ha advertido a España del impacto negativo que tiene su aplicación. Una advertencia que no impide reducir el tipo, sino que obliga a replantear con carácter general su ámbito de aplicación. Asimismo, la AIREF ha advertido que es mucho más eficiente elevar los tipos reducidos, combinándolo con aumentos del gasto social que compensen directamente a los grupos más vulnerables. Tampoco nos dejaron de repetir los países que gravan la electricidad con un tipo reducido, ignorando casi siempre los que lo gravan al tipo general, en muchos casos, superior al de España, como los anhelados países nórdicos, Bélgica, o Países Bajos, entre otros. Se olvidó, también, que en algunos casos no se aplica en realidad un tipo reducido, sino que el tipo general es más bajo.


En definitiva, verdades a medias que desfiguran la realidad del problema, cuya solución concreta a un problema coyuntural es más social que fiscal y viene tal vez de la mano del bono social de electricidad.






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