COVID-19: Una oportunidad

Escrito por Antonio Durán-Sindreu Buxadé | Fiscal

12/05/2020

Es obvio que el COVID-19 va a tener un coste de dimensiones presupuestarias graves e inéditas. ¿Cómo financiarlo?


Con impuestos, imposible. Entre otras razones, porque nuestra diezmada economía no soportaría esa extracción de sangre que agravaría su anemia e impediría la recuperación.


Tampoco se puede financiar con deuda. O sí. Pero a cambio de un endeudamiento insostenible acrecentado por la caída del PIB, por la de los ingresos, y por el incremento del gasto público, junto al previsible aumento de la prima de riesgo y de la desconfianza de los inversores, únicos beneficiarios de la crisis.

La única solución es pues la ayuda de Europa. Ayuda que no se puede limitar a créditos que incrementen el elevadísimo endeudamiento y disminuyan la capacidad de recuperación. De ahí, precisamente, la petición de ayudas directas y/o de deuda perpetua.

En este contexto, el “helicóptero monetario” parece ser el instrumento adecuado para evitar la segura caída de la demanda e inyectar liquidez a empresas y ciudadanos; medida que no permite mayores demoras y cuyo actor principal es el Banco Central Europeo. Basta mirar a China y observar la importante caída del consumo en un país en el que aquel tiene un peso menor sobre el PIB que en Europa. Medida que hay que complementar con la transformación en perpetua de la deuda que la UE decida comprar a cada Estado.


No olvidemos, en fin, que lo urgente es inyectar liquidez a las empresas enfermas. Si la liquidez fluye, se evita el contagio y la curva de vulnerabilidad disminuye. Pero liquidez a fondo perdido. No créditos. Lo que el sistema necesita es una urgente transfusión de sangre y de respiradores. Subvenciones y créditos. Las dos cosas. En definitiva, lo mismo que España pide a la UE.


Sea como fuere, el COVID-19 ha puesto en evidencia la situación límite de países, como España, que, además, no ha hecho los deberes que la última crisis nos dejó pendientes: déficit en I+D, reforma de la Administración Pública, fracaso escolar, precariedad laboral, y un largo etcétera.


Pero no nos engañemos. Es la responsabilidad personal, el esfuerzo, y la iniciativa privada la que nos permitirá salir de esta pesadilla. Es pues imprescindible fomentar un orden social y económico que la promueva. Que un sector privado comprometido lidere la recuperación con la confianza y beneplácito de la Administración. Soy por ello contrario a la Comisión parlamentaria por la recuperación porque esta no vendrá de la mano de los políticos, sino de la sociedad; del sector privado. De la sociedad civil. Es pues el momento de la colaboración público-privada en mayúsculas.


En este contexto, es también inevitable una fiscalidad colaborativa que cimente sus raíces en la responsabilidad individual y social de empresas y ciudadanos, y que permita un ajuste eficiente de la Administración sin detrimento del Estado de Bienestar.


En definitiva, una verdadera oportunidad.




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